¡Desmarcaos!

La cultura del cine se encuentra en jaque. Esteve Riambau, director de la filmoteca de Cataluña; Carlos Río, director del festival de Cine de Autor; y Àngel Quintana, profesor de la universidad de Gerona, nos hablan sobre la aparición y necesidad de nuevos espacios para el cine.

Como dice Álex de la Iglesia los directores hacen películas para el público, sin público no hay espectáculo. En el panorama que se dibuja hoy en día se está perdiendo este público que es imprescindible para que se difunda buen cine. Se ha propiciado una parcelación del público que impide que el cine más alternativo llegue a las salas. Las nuevas tecnologías como Internet y las tecnologías móviles también han apartado a la gente de las salas. El público que más se ha perdido ha sido el adulto, mientras que el infantil es el más rentable. Las industrias y productoras lo saben y por eso se está invirtiendo mucho más capital en este tipo de producciones. ¿Dónde queda pues el cine dirigido a un público más adulto? Refugiado en festivales como el de Cannes, Berlín o Venecia a la espera de ser descubiertas. Este cine, en cierto modo, se ve tapado por una nube de producciones que se molesta a ella misma. Hablamos de una sobreproducción de material. El filtro cada vez es menos eficaz y Hollywood aprovecha la brecha para monopolizar el mercado. Se ha de recuperar el auténtico cine, defiende Riambau. “El cine viene de la barraca de feria”.

“No hay públicos, hay circuitos”. Hay múltiples circuitos de comercialización, sólo hay que saber encontrar el adecuado. Dado que la colonización americana es muy fuerte, los espacios para las producciones propias es cada vez menor. La democratización de los medios de producción también han aumentado la presión competitiva. Hay que buscar el talento, cuidarlo y conseguir trasladarlo a la gente que lo consume. Buscar nuevos circuitos.

Una posible solución es la inversión pública a través de filmotecas y otros espacios de exhibición.  Se ha de focalizar el otro cine, el que no consigue llegar a las salas, el invisible. Para ello hay que romper con las formas clásicas de exhibición. Los largometrajes alternativos, artísticos, deben buscar su forma de ver la luz. Competir con la industria y conseguir acercarse al público.

Las últimas reflexiones han venido de la audiencia. Para un saneamiento del cine en su raíz hace falta una educación sobre cómo mirar películas. En países como Francia o Italia se han creado planes para que la cultura cinematográfica esté en las escuelas. En nuestro país, según Àngel, se ha invertido más en una educación más dirigida a la informática y las tecnologías que al arte. La financiación también es un problema, pues el cine es un arte que se pinta con pinceles muy caros. Las productoras mandan sobre esto, y el cine alternativo se resiente. Hay que conseguir preservar el cine, cuidarlo y mimarlo.

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Javier Calvo Salietti

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